Este es el comienzo de un juego en el que el autoproclamado rey es el
que decide cuándo hay que moverse y cómo hacerlo. El resto de los jugadores no
puede moverse para avanzar hasta que no reciban el permiso real.
Con este juego como con tantos otros, se pueden plantear varios
aprendizajes, no solo los relativos al desarrollo de las destrezas físicas.
Las funciones de los juegos infantiles son muchas. A través de los
juegos, libres, de normas, de imitación, etc., entrenamos capacidades de todo
tipo, aprendemos también códigos de comportamiento, los roles, las estrategias,
etc. El juego es por ello un medio, un recurso pedagógico muy interesante y
necesario.
Utilizando este y otros recursos, la Escuela, entendido este término en
un sentido amplio, debe facilitar, favorecer que l@s niñ@s como individuos y
como colectivo, construyan su propio camino, creen sus propias experiencias,
sean así l@s protagonistas de sus vidas, asuman responsabilidades, aprendan a
tomar decisiones, a intervenir en todos los aspectos que les competen, que
tengan que ver con ell@s y con su aprendizaje, con su desarrollo; sin esperar
que nadie les defina su destino y sin temor a significarse, a destacar, a ser
señalad@ como diferente, a sufrir represalias por parte de quienes no están
dispuestos al diálogo y a falta de argumentos quieren imponer sus ideas por la fuerza. La educación
debe ayudar a comprender que si no vives como piensas, te arriesgas a pensar
como vives.
La Escuela también tiene que ayudar a crear la conciencia de la
necesidad de ser parte de la comunidad, de asumir el rol de ciudadan@, de
participar. No conformarse con que otr@s decidan por un@ mism@, con delegar en
los demás las tareas que son de tod@s y que le corresponden a cada un@.
Esto último de delegar puede ser muy cómodo, pero no es necesariamente
ni bueno, ni interesante.
La comodidad difícilmente conlleva cambio, difícilmente conduce al
progreso. Sin cambios no es posible la evolución (esto es así en relación con
la evolución de las especies naturales y también en relación con la evolución
de las sociedades humanas). Y la falta de evolución conduce al estancamiento y
al atraso en relación con aquellos que sí avanzan.
Asociado a esta idea de falta de evolución, la imagen que se percibe de
la situación de Extremadura fuera de sus fronteras, de la que el propio
Presidente Monago se hace eco aportando una serie de datos sobre la realidad
actual, es una imagen de desventaja con respecto al resto de comunidades y que
en muchos aspectos son el reflejo del atraso que sufre esta comunidad.
Parte de esta realidad puede tener que ver con los resultados de las
pruebas escolares externas, realizadas recientemente y que sitúan a Extremadura
a la cola de las 14 comunidades que han sido evaluadas. En estas pruebas aunque
los resultados de una parte del alumnado sean buenos, los malos resultados del
resto hacen que la media sea mediocre o mala. Por lo que la responsabilidad de
un@s se ve ensombrecida por la falta de responsabilidad de otr@s. Tampoco
debemos conformarnos con esta situación. Tenemos el derecho y el deber de
exigir que tod@s asumamos y cumplamos con nuestra responsabilidad.
Salir de esta situación depende de l@s ciudadan@s que habitamos en este
territorio que atesora el maravilloso patrimonio natural que nos rodea.
Para ello habrá que abandonar viejos esquemas y creencias, actitudes de
pesimismo, resignación y apatía que según un reciente informe sociológico,
caracteriza a una parte de la sociedad extremeña.
Quizás esto no se aprenda de la noche a la mañana y aunque sabemos que
los aprendizajes se hacen mejor desde niñ@s, también sabemos que el modelo que
l@s niñ@s van a adoptar es el que ven a su alrededor, por lo cual no hay más
remedio que ponerse manos a la obra y meterse de cabeza en la gestión de los
asuntos que nos competen, tomando la iniciativa y sin esperar a que el “rey” o
la “reina” de turno nos otorgue su regia autorización.
Llanos García López, maestra.
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